No es Chanel, pero Givenchy también es una maravilla...
sábado, 10 de noviembre de 2007
¿Puede vivirse así?
Ustedes responderán. Vivir esperando, siempre con la duda de que pase algo, con la esperanza de que las cosas mejoren, de ser aceptado como se es.
Cada día es más difícil. Una decepción sigue a la otra, siendo cada vez más profundas, más intensas e insoportables. ¿Puede vivirse así? Fingiendo que no pasa nada, usando una máscara que oculte el dolor y la tristeza, que muestre un rostro feliz aunque los ojos desmientan toda simulación con esa melancolía que no deja de mostrar la mirada.
Llorar por las noches, cuando nadie pueda ver, escuchar o preguntar el motivo. Escribir páginas enteras sobre la destrucción interna, sobre el corazón hecho añicos, sobre los pensamientos convertidos en silencios.
Por eso es bonito imaginar, soñar... todo lo que se desea es posible. Es un mecanismo de defensa: cada vez que me siento sola o agredida, abro el cajón de mis sueños, pero cada vez es más difícil cerrarlo para enfrentar una realidad que me hiere.
Cada día es más difícil. Una decepción sigue a la otra, siendo cada vez más profundas, más intensas e insoportables. ¿Puede vivirse así? Fingiendo que no pasa nada, usando una máscara que oculte el dolor y la tristeza, que muestre un rostro feliz aunque los ojos desmientan toda simulación con esa melancolía que no deja de mostrar la mirada. Llorar por las noches, cuando nadie pueda ver, escuchar o preguntar el motivo. Escribir páginas enteras sobre la destrucción interna, sobre el corazón hecho añicos, sobre los pensamientos convertidos en silencios.
Por eso es bonito imaginar, soñar... todo lo que se desea es posible. Es un mecanismo de defensa: cada vez que me siento sola o agredida, abro el cajón de mis sueños, pero cada vez es más difícil cerrarlo para enfrentar una realidad que me hiere.
Recordando mi infancia...
Esta semana fui nostálgica. Luego de haber visto "La Bella y la Bestia" en el teatro tuve muchos recuerdos bonitos de cuando era una niña (especialmente porque escuché mucha música de Disney en mi iPod). Y es que no es que no me guste mi vida ahora, es sólo que siento que antes era más feliz.
Mis preocupaciones no eran muchas, jugaba, tenía muchas amigas, iba muy seguido al cine y leía todo lo que yo quisiera. También me acuerdo que pintaba con acuarelas, cantaba mucho, y escirbía obras de teatro y hasta musicales que luego actúabamos mi hermana
y yo para mis papás. Las vacaciones de verano se resumían en una palabra: Disneyland. Cuando era Navidad, yo hacía los regalos... cosía y dibujaba con varias semanas de anticipación para que todo estuviera envuelto y bajo el árbol justo a tiempo. Ahora ni siquiera ponemos árbol de Navidad... no es algo práctico teniendo dos gatos que pueden tirarlo.
En la escuela, era la consentida de muchos maestros (me llamaban "la niña prodigio", jaja), siempre terminaba mis tareas a tiempo, me desvelaba, pero nunca llegaba a los extremos de ahora... a veces añoro que cinco minutos de esa vida regresen a mí.
En fin, la vida es un ciclo y hay que encontrarle gusto a cada etapa, por más duros que sean los golpes que te dan los que se dicen tus amigos, el amor, el trabajo o el destino.
sábado, 3 de noviembre de 2007
La Bella y la Bestia

Una increíble producción, unos personajes que nos recuerdan la infancia, música maravillosa y una historia fantástica que adoro son los elementos esenciales de este entrañable musical.
Nunca olvidaré la primera vez que vi esta película de Disney. Tenía 6 años, era mi cumpleaños (el día del estreno) y la fui con mi familia y mis mejores amigas de preprimaria al cine Continental, cuyo aspecto de castillo de Disney no podía sino fascinarme.
He vuelto a ver la cinta muchas veces, tantas que ya perdí la cuenta, conozco cada canción, cada diálogo... En teatro, es la segunda vez que la presencio; de la primera ocasión, recuerdo que tenía 11 años, que fue en el Teatro Orfeón y que la estelarizó Lolita Cortés. Y aunque ya hayan pasado diez años, sigue gustándome muchísimo, sin embargo, hay un detalle que aún me conflictúa: ¿cómo rayos hacen el truco de Chip?
Quien la haya visto sabe a lo que me refiero, vemos la cabeza de un niño envuelta con el disfraz de una taza, encima de una mesa; ésta no tiene mantel, o sea que podríamos vr el cuerpo del niño, pero no es así: vemos el otro lado. Lo he pensado mucho ¿espejos? tal vez, pero aún no comprendo bien cómo.
Para quienes lo hayan visto el musical "La Bella y la Bestia", ¡no se lo pierdan! En verdad es algo que recordarán toda su vida y que revivirá en ustedes memorias de cuando vieron la película, de cuando eran niños y su vida era más simple y tal vez, más feliz.
Nunca olvidaré la primera vez que vi esta película de Disney. Tenía 6 años, era mi cumpleaños (el día del estreno) y la fui con mi familia y mis mejores amigas de preprimaria al cine Continental, cuyo aspecto de castillo de Disney no podía sino fascinarme.
He vuelto a ver la cinta muchas veces, tantas que ya perdí la cuenta, conozco cada canción, cada diálogo... En teatro, es la segunda vez que la presencio; de la primera ocasión, recuerdo que tenía 11 años, que fue en el Teatro Orfeón y que la estelarizó Lolita Cortés. Y aunque ya hayan pasado diez años, sigue gustándome muchísimo, sin embargo, hay un detalle que aún me conflictúa: ¿cómo rayos hacen el truco de Chip?
Quien la haya visto sabe a lo que me refiero, vemos la cabeza de un niño envuelta con el disfraz de una taza, encima de una mesa; ésta no tiene mantel, o sea que podríamos vr el cuerpo del niño, pero no es así: vemos el otro lado. Lo he pensado mucho ¿espejos? tal vez, pero aún no comprendo bien cómo.
Para quienes lo hayan visto el musical "La Bella y la Bestia", ¡no se lo pierdan! En verdad es algo que recordarán toda su vida y que revivirá en ustedes memorias de cuando vieron la película, de cuando eran niños y su vida era más simple y tal vez, más feliz.
¡Qué sueño tengo!
Cada día que pasa estoy más cansada, y es que entre tareas, trabajos finales, largos viajes en el tráfico y cumpleaños mi cuerpo se encuentra exhausto.
El pasado 2 de noviembre fue cumpleaños de mi hermana, y como ya es costumbre que cuando es cumpleaños o fecha importante yo edite un video con las películas preferidas del o la festejada y sus canciones favoritas, me dispuse a trabajar un día antes (hasta ese día pude darme el tiempo).
La padecí: era tarde y yo ni siquiera podía empezar... ¿la razón? mi disco duro externo no se leía en mi computadora. Yo lo prendía, lo apagaba, lo conectaba, lo desconectaba, reiniciaba la máquina... esperé horas enteras literales a que se pudiera abrir y cuando quiso hacerlo ya eran las 12am: había perdido 5 horas en eso, pero al menos pude subir a la computadora las escenas de las películas que necesitaba.
Edité durante cuatro horas y terminé satisfecha con el trabajo, pero realmente agotada. Ni siquiera me acuerdo cómo fue que llegué a mi cama, sólo supe que allí desperté (o me despertaron) deseando dormir más.
El pasado 2 de noviembre fue cumpleaños de mi hermana, y como ya es costumbre que cuando es cumpleaños o fecha importante yo edite un video con las películas preferidas del o la festejada y sus canciones favoritas, me dispuse a trabajar un día antes (hasta ese día pude darme el tiempo).
La padecí: era tarde y yo ni siquiera podía empezar... ¿la razón? mi disco duro externo no se leía en mi computadora. Yo lo prendía, lo apagaba, lo conectaba, lo desconectaba, reiniciaba la máquina... esperé horas enteras literales a que se pudiera abrir y cuando quiso hacerlo ya eran las 12am: había perdido 5 horas en eso, pero al menos pude subir a la computadora las escenas de las películas que necesitaba.
Edité durante cuatro horas y terminé satisfecha con el trabajo, pero realmente agotada. Ni siquiera me acuerdo cómo fue que llegué a mi cama, sólo supe que allí desperté (o me despertaron) deseando dormir más.
domingo, 28 de octubre de 2007
Una visita a la zona rosa
Vaya días variados y "tutifrutis", como me gusta llamarlos. Jamás en mi vida imaginé verme obligada a entrar a una sex shop, y tuve que hacerlo por una tarea (vaya ironía).
Un primer paso: todo es rosa. Un segundo paso: demasiadas cosas raras y desconocidas, al parecer todos son juguetes. Diferentes tamaños, colores, y hasta sabores. Muestras de lo que "gustes y quieras probar", como dicen sus vendedores, que te miran de arriba a abajo tratando de adivinar lo que te motivó a entrar en su establecimiento.
Videos de muchos precios y de varias duraciones, botellas con líquidos de colores, música a todo volumen y gente susurrando a tu alrededor. El asunto se torna nauseabundo y sólo puedes hacer una cosa: salir de allí.
Parejas homosexuales demuestran su afecto en todos lados y sin reservas. El hambre me consume y entro a cenar a McDonald's: los nuggets más resecos que he comido en mi vida y la Coca-Cola con mayor sabor a agua que a azúcar que he probado. Al terminar de comer, emprendo la búsqueda del metrobus que me llevará a casa.
Ya estoy en la parada, está llegando el transporte, se abre la puerta y una asquerosa cucaracha me impide el paso, un alma caritativa la pisa por mí (no quise hacerlo porque me dio mucho asco y por aprecio a mis zapatos), entro y espero la parada en Altavista, desde donde fácilmente puedo hallar el camino a casa.
Un primer paso: todo es rosa. Un segundo paso: demasiadas cosas raras y desconocidas, al parecer todos son juguetes. Diferentes tamaños, colores, y hasta sabores. Muestras de lo que "gustes y quieras probar", como dicen sus vendedores, que te miran de arriba a abajo tratando de adivinar lo que te motivó a entrar en su establecimiento.
Videos de muchos precios y de varias duraciones, botellas con líquidos de colores, música a todo volumen y gente susurrando a tu alrededor. El asunto se torna nauseabundo y sólo puedes hacer una cosa: salir de allí.
Parejas homosexuales demuestran su afecto en todos lados y sin reservas. El hambre me consume y entro a cenar a McDonald's: los nuggets más resecos que he comido en mi vida y la Coca-Cola con mayor sabor a agua que a azúcar que he probado. Al terminar de comer, emprendo la búsqueda del metrobus que me llevará a casa.
Ya estoy en la parada, está llegando el transporte, se abre la puerta y una asquerosa cucaracha me impide el paso, un alma caritativa la pisa por mí (no quise hacerlo porque me dio mucho asco y por aprecio a mis zapatos), entro y espero la parada en Altavista, desde donde fácilmente puedo hallar el camino a casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
